Que somos, sino polvo de estrellas que al más mínimo contacto entran en coalición para crear el más perfecto caos.
Día 3 de una interminable búsqueda.
El universo comenzaba a actuar; inmediatamente de darle mi número me envió un mensaje, sólo decía hola, su nombre y que tuviera linda noche, yo respondí: Buenas noches y un emoticón con carita feliz, no fue lo más creativo del mundo, pero para mi aún resultaba un extraño; al día siguiente desperté y había otro mensaje suyo, respondí nuevamente y de ahí en adelante continuó una extensa conversación, algo muy agradable y lindo para un chico que recién conocía, inmediatamente me di cuenta de que yo le gustaba en cierto grado y me pareció un poco tonto si nada más llevábamos un par de días de hablarnos un poco...
Así siguieron los días, charlas infinitas en las que descubríamos gustos en común, en las que un mero extraño se comportaba encantador con alguien como yo y en las que mi mente empezaba a revolverse.
Dime que buscas en mi mundo, tómalo, luego aléjate y procura no dejar rastro... ¿Acaso provienes de otra época? ¿Realmente existes?
Noche tras noche, mientras me encontraba recostada buscándole un sentido a mi vida, la luna me decía a gritos que mi razón de ser era para no ser... ¿Qué sentido tenía eso? Probablemente lo que no debía de ser, era justo lo que estaba siendo, un ente vacío; pero en mi interior había una chispa, una luciérnaga incendiando el espacio, apenas podía sentir su calor y yo sin quererlo ya te estaba dando todo aún sin darte nada y eso sin duda dolía de forma hermosa.

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